domingo, 21 de julio de 2013

También el sol

  
        ¿Cómo puede uno poseer estrellas?
        ¿De quién son?
        No sé. De nadie.
        Entonces son mías, porque yo lo he pensado primero.
        ¿Y eso basta?
                                                           - El Principito, Antoine de Saint Exupery





Esta fotografía pertenece a la denominada guerra del agua, una insurrección popular que se llevó a cabo entre enero y abril del año 2000 en la Bolivia pre-Morales. El levantamiento surgió en la ciudad de Cochabamba (una de las principales del país) como respuesta a una medida neoliberal del gobierno: la privatización del agua. El agua se convirtió de la noche a la mañana, gracias a un pacto del gobierno con empresas americanas, en un bien privado y casi de lujo, ya que las cuotas eran tan desorbitadas para los humildes habitantes de Cochabamba que tenían que prescindir de otros derechos (también privatizados por el gobierno) como la salud o la educación, por beber. Hay una muy buena película sobre el tema llamada También la lluvia que recomiendo ver sobre todo si quieres perder la esperanza en el ser humano. 
La película lleva ese título porque la población requería una licencia para recoger el agua de la lluvia y no pagarla era ilegal. Esta medida (junto con otras de misma índole) hizo ver a los ciudadanos el abuso al que habían sido sometidos y consiguió cambiar el sistema impuesto en Bolivia desde tiempos coloniales.

En Bolivia privatizaron el agua y en España, trece años más tarde, nos privatizan el sol. Ahora, usar la energía solar para el autoconsumo energético conllevará a pagar un peaje que, según la Unión Española Fotovoltaica, será un 27% más alto que la cuota del consumo convencional, que no es precisamente barata -está prevista una subida del 36% en el término fijo de la factura de la luz.  Vamos, que las energías renovables van a salir caras incluso en el ámbito doméstico para que el statu quo del dominio energético no sea amenazado. Una política más para proteger a las amadas eléctricas, a las que debemos más de 22 millones (un tercio del P.I.B anual) a pesar de tener los precios más caros en energía de Europa. 

Sospechoso, sí, y más teniendo en cuenta que las eléctricas son una especie de asilo para políticos retirados. Además, el respaldo a las grandes empresas por parte del Gobierno no es nada nuevo. De hecho, Bruselas ha abierto un expediente a España por “permitir la aplicación de deducciones fiscales multimillonarias a la internacionalización de empresas españolas (como Telefónica, BBVA, Santander e Iberdrola) expresamente prohibidas por Bruselas desde hace años”. Lo más asombroso de todo es que estos asuntos quedan eclipsados por los casos de corrupción y los recortes más abusivos, que evidentemente tienen prioridad en la lista de motivos por los que manifestarse. No damos a basto con tantas vergüenzas.

Pero bueno, seamos realistas, en un Estado que aspira al neoliberalismo no nos puede sorprender que cobren por los derechos como la educación o la sanidad e incluso tenemos que aceptar el euro por receta y pagar por la justicia, porque son inventos del ser humano… pero que nos hagan pagar por el sol que lleva más aquí que nosotros, eso no tiene ningún sentido. No queda mucho hasta que nos reclamen un impuesto por respirar con la excusa de que producimos dióxido de carbono y eso influye en la cuota de emisión que tenemos por el protocolo de Kioto.

Y por supuesto, mientras tanto, las grandes empresas (y los políticos, como no) cebándose a nuestra costa. Que aproveche, cerdos oligarcas, yo me voy a la playa antes de que tenga que pagar por ello.
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